Bricolaje estadístico. Hágalo usted mismo

Se me hace difícil pensar en un profesional biosanitario actual que no tenga contacto, que no trabaje, con la estadística. Las pruebas analíticas y diagnósticas, valores de referencia, calidad, estudios epidemiológicos, riesgos relativos, odd ratios, seguridad alimentaria, o simplemente estudios económicos o si este producto es más rentable que otro, etc, etc, etc… están teñidos de estadística por todas partes. No hablemos ya de cuando queremos realizar una tarea de investigación, un trabajo científico, o simplemente ir a un congreso y comunicar nuestra experiencia profesional. Necesitamos, nos es “exigido”, la Estadística. Prueba de ello es que los cursos de estadística son baremables en la mayoría de las OPEs de las distintas profesiones sanitarias.

Sin embargo, creo que la estadística es uno de los campos que más “repelus” da (nos da) entre los profesionales sanitarios de cualquier ámbito. Independientemente de que la incluyan en la amplia mayoría de los programas formativos, la vemos como algo “ajeno”.

Creo que hay dos grandes causas de esa desazón. El primero es la “matemática”. La mayoría de nosotros vemos las matemáticas como un lenguaje desconocido, como un idioma del que sabemos poco, con un alfabeto diferente y complejo. La realidad es que las matemáticas, sea por su complejidad real o por cómo nos las enseñan desde pequeños, a una amplia mayoría nos resulta desmotivante. Y la realidad es que la estadística es una rama de las matemáticas. Si abrimos un libro de estadística, lo más normal es encontrarnos largas demostraciones, complejos teoremas escritos con símbolos y letras, puede que reconocibles pero extraños;  muchas conclusiones escritas como fórmulas con pocas explicaciones sobre sus implicaciones, que, desde luego, para el iniciado serán obvias, pero para nosotros son arcanos de lenta digestión. Tenemos a las matemáticas en la más alta de las consideraciones, pero es mejor no meternos con ellas, bastante tengo yo con lo mío. Pero, lo siento, estamos sitiados. Queramos o no, conscientes o no, usamos, y usaremos, la estadística sí o sí en nuestro trabajo.

El segundo aspecto que contribuye a hacernos sentir incómodos es algo consustancial a la estadística, la incertidumbre. Algo que a poco que escarbemos en la estadística aprendemos  es que las respuestas que nos ofrece no están exentas de incertidumbre, y no nos gusta. A todos nos gustan las respuestas claras si/no, enfermo/sano, contaminación o no, etc. Muchas veces las acciones a tomar están muy claras, donde tenemos más dudas es en el diagnóstico de la situación. Pensemos en una prueba diagnóstica muy fiable recomendada por las guías de buenas prácticas que tenemos claro cómo manejar. Cuando comenzamos a profundizar y ver sus valores predictivos positivos y negativos, etc, empezamos a ver la incertidumbre del diagnóstico. En un estudio de seguridad alimentaria seguimos los “mandatos” del BOE, analizamos tantas muestras de tantos gramos y se permiten tantas colonias, pero ¿por qué esas muestras y no 10 más o 10 menos???. Mejor no meternos, alguien lo habrá pensado, estudiado, valorado. La incertidumbre es algo desagradable al tomar decisiones importantes, pero, por no mirarla no desaparece.

Así que cuando tenemos que comérnosla, la estadística se nos hace bola.

Cuando en Simbiosis nos planteamos presentar cursos de estadística para profesionales sanitarios, nos surgió la duda de cómo orientarlos de un modo lo más práctico y digerible posible.

He visto programas de bricolaje dónde, en solo 2 capítulos, hacían una piscina con excavadora y todo. ¿No vamos a poder nosotros aprender a calcular, interpretar, y saber cuándo y dónde aplicar una t de Student, una regresión lineal múltiple, una regresión logística, o incluso un hacer un metanálisis? ¿Podemos considerar la estadística como una herramienta a usar, más que una “matemática”?

Un martillo, una herramienta humilde, está en la gran mayoría de las casas. Con un martillo un gran escultor puede esculpir La Piedad. Ahora bien, para manejar un martillo no es un requisito que seamos escultores titulados.

Nos planteamos cursos de estadística donde nos centremos más en saber qué prueba debemos usar en función de cómo sean nuestras circunstancias. Cursos donde prime más la letra y las explicaciones que los números, desarrollos, demostraciones y cálculos. Centrarnos en dónde fijarnos en los resultados para poder interpretarla y responder a nuestras preguntas. Considerarla como una herramienta que puedo usar.

Las “herramientas” estadísticas vienen en cajas que se llaman paquetes de software estadístico. En ellos, se nos reúnen los principales test. Para ejecutarlos no necesitamos saber cómo se calcula, lo hará el programa directamente, pero si es necesario saber cuál elegir según nuestro problema y circunstancias, localizarlo, y, sobretodo, interpretar el conjunto de información que nos da la salida de resultados del programa. El enfoque de los cursos se centra de un modo práctico en estos aspectos. Para qué vale ese test, qué requisitos necesitamos para poder usarlo, y en qué debemos fijarnos para interpretar los resultados.

Si preguntásemos a algún compañero estadístico que paquete usaría, estoy por asegurar que nos respondería que R. Este es “el Software”. Estupendo, gratuito, muy completo… pero es terriblemente poco amigable. En realidad no tanto en cuanto comienzas a trabajar con él, pero de inicio es muy áspero. Hay “adaptadores”, como Rcomander y otros, que permiten facilitar el uso de R pero al mismo tiempo lo limitan, es decir, facilitan su uso pero perdemos una de sus grandes ventajas: su versatilidad. En R se encuentra solución para casi todo, pero puede ser complejo encontrarla.

 

Probablemente uno de los programas más usados es el SPSS. Es un software bastante completo, fácil de usar, más o menos intuitivo, hay multitud de manuales de uso, pero tiene un enorme inconveniente: NO ES GRATUITO. Si tenéis acceso a él es muy buena opción. Hay “imitaciones” gratuitas como PSPP, de aspecto y manejo muy similares, pero con posibilidades y tests disponibles mucho más limitadas, aunque para la mayoría de situaciones suficiente.

Aquí queremos barrer para casa y poner en valor una gran iniciativa en la que ha participado el SERGAS (Servicio Galego de Saúde), EPIDAT. Es un gran software de epidemiología con una notable cantidad de aplicaciones de estadísticas muy interesantes. Es gratuito, en castellano, muy cómodo de usar, con buenos manuales. etc. Tiene algo muy útil, enfrenta test complejos limitando las opciones/decisiones que tienes que tomar, es decir, presenta una solución al test con los parámetros que en un elevado número de situaciones son los más recomendables de usar. Tenemos poco que decidir y, por lo tanto, pocas posibilidades de equivocarnos. Sus salidas de resultados son buenas, gráficas, y claras. La pega, no vamos a encontrar todas las soluciones que podemos llegar a necesitar. Tiene un número de herramientas limitada. Hay que agradecer el  encomiable trabajo realizado en esta iniciativa.

La mayoría de los cursos presentarán ejercicios prácticos pasos a paso, siguiendo alguno o varios de estos softwares. Se comenta cómo localizar y ejecutar el test, y cómo realizar la interpretación de los resultados.

Los cursos de bioestadística básica de Simbiosis tratan de ser una aproximación práctica y válida para aprender de “herramientas” estadísticas, sin aprender demasiada “estadística”, con el fin de ser capaces de animarnos a dar nuestros primeros martillazos estadísticos.

Autor: Alejandro Mosquera Rey